Nota XXVII, 11 de abril de 2009.

Nada termina nunca por separarse, pienso, mientras tu cabeza en mi hombro me convence. Un par de quiltros en el pórtico de enfrente ladran, y tú les haces el quite entre las sabanas que apenas te cubren. Te beso la frente, y deseo que este instante en que me miras con una pequeña sonrisa, medio dormido, sea en donde tu recuerdo se guarde con más gracia.

Nada termina nunca por separarse. Apago la tele.


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